La proporción de alumnos franceses cuyos padres discuten cada semana sobre lo que hacen en clase ha pasado de 74 % en 2022 a 63 % en 2025 según los datos PISA 2025. Los intercambios regulares sobre las dificultades escolares han caído del 48 % al 34 % en el mismo período.
Estos retrocesos afectan a todos los entornos sociales y se acompañan de un aumento declarado de los problemas de concentración y de organización del trabajo en los alumnos. ¿Qué palancas concretas siguen al alcance de los padres para acompañar los aprendizajes de su hijo?
Disminución de la implicación parental: lo que miden los datos PISA 2025
El retroceso no se limita a las discusiones. PISA 2025 señala una correlación entre la frecuencia de los intercambios padres-hijos sobre la escuela y la capacidad de los alumnos para pedir ayuda ante una dificultad. Cuando la conversación semanal desaparece, el niño pierde un canal de regulación que le ayuda a verbalizar sus bloqueos.
| Indicador PISA | 2022 | 2025 | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Padres que discuten cada semana sobre la clase | 74 % | 63 % | -11 puntos |
| Discusiones regulares sobre las dificultades escolares | 48 % | 34 % | -14 puntos |
La diferencia más marcada se refiere a los intercambios sobre las dificultades (-14 puntos). Esto significa que solo un tercio de los padres aborda regularmente los obstáculos encontrados en clase. Varios factores contribuyen a esto: carga mental, fatiga, multiplicación de las solicitudes digitales después de la escuela.
Como detalla el artículo proporcionado por Parents en Action, la calidad de estos momentos de intercambio cuenta más que su duración. Cinco minutos de conversación centrada en un ejercicio específico producen más efecto que media hora de supervisión pasiva de los deberes.

Tiempo de pantalla y aprendizaje: el marco establecido por la ley Studer
La ley n° 2022-300 del 2 de marzo de 2022 (ley Studer) y su decreto de aplicación imponen un dispositivo de control parental preinstalado en los dispositivos vendidos en Francia. Esta obligación redefine la gestión de las pantallas en la vida cotidiana de aprendizaje, pero la activación queda en manos de los padres.
El problema no es la pantalla en sí. Un ejercicio de lectura en tablet, un video documental o un cuestionario interactivo pueden reforzar un aprendizaje. En cambio, el paso no regulado de un contenido educativo a un flujo de entretenimiento fragmenta la atención.
Distinguir uso activo y uso pasivo
Un uso activo (responder a un ejercicio, buscar información, crear un documento) moviliza la memoria de trabajo. Un uso pasivo (desplazarse, ver videos cortos) la pone en modo de espera. La diferencia radica en la intención: ¿sabe el niño lo que busca antes de encender la pantalla?
- Establecer un objetivo preciso antes de cada sesión digital (releer una lección, visionar una cápsula de video identificada, completar un ejercicio en línea)
- Activar el control parental para bloquear el cambio a aplicaciones de entretenimiento durante el tiempo de trabajo
- Limitar la sesión educativa en pantalla a una duración definida de antemano, cronómetro visible para el niño
Esta estructuración no requiere material particular. Se basa en una regla simple: la pantalla sirve a un objetivo de aprendizaje definido, no a una ocupación por defecto.
Canales de aprendizaje y adaptación parental en el día a día
Cada niño procesa la información de manera diferente según si privilegia el canal visual, auditivo o kinestésico. Identificar esta preferencia modifica la forma en que un padre acompaña una lección o un ejercicio.
Identificar el canal dominante
Un niño que retiene mejor leyendo en silencio y subrayando se apoya en lo visual. Aquél que memoriza repitiendo en voz alta o escuchando una explicación oral privilegia lo auditivo. El niño que necesita manipular, escribir o moverse para entender utiliza el canal kinestésico.
Observar cómo el niño restituye espontáneamente una información proporciona una pista fiable. Si dibuja un esquema para explicar, lo visual domina. Si cuenta en detalle lo que la maestra ha dicho, lo auditivo prima.
Adaptar el soporte sin complejizar
La adaptación no requiere transformar los deberes. Para un perfil visual, mapas mentales o códigos de colores en las palabras clave son suficientes. Para un perfil auditivo, leer la lección juntos en voz alta y luego reformularla cambia la situación. Para un perfil kinestésico, escribir las palabras de vocabulario en cartones para manipular transforma una recitación en un juego de clasificación.
El error sería intentar solicitar los tres canales en cada sesión. Apostar por el canal preferido del niño reduce la carga cognitiva y acorta el tiempo de trabajo.

Descansos y ritmo de trabajo: calibrar las sesiones según la edad
La capacidad de concentración varía fuertemente con la edad. Un niño de seis años no mantiene su atención de la misma manera que un estudiante de secundaria. Aplicar una duración de sesión única para todas las edades genera fatiga y oposición.
- En educación infantil y principios de primaria, secuencias de trabajo de unos minutos intercaladas con pausas activas (estiramientos, juego libre corto) mantienen el compromiso
- En el final de primaria, bloques más largos son posibles siempre que se fraccionen las tareas: alternar lectura, escritura y ejercicio oral
- En secundaria, la pausa entre dos materias permite reiniciar la atención, siempre que no se desplace hacia una pantalla de entretenimiento
La señal de parada más fiable sigue siendo el comportamiento del niño. Cuando comienza a inquietarse, a releer tres veces la misma línea o a responder mecánicamente, la pausa es necesaria, incluso si el ejercicio no está terminado. Reanudar después de un breve descanso produce un mejor resultado que forzar el final de una tarea.
La disminución de 14 puntos medida por PISA 2025 sobre los intercambios en torno a las dificultades escolares refleja una vida cotidiana donde falta el tiempo y las pantallas captan la atención de toda la familia. Las palancas siguen siendo accesibles: conversación centrada, pantalla utilizada con un objetivo preciso, soporte adaptado al canal de aprendizaje, sesiones calibradas según la capacidad real de concentración.
Ninguno de estos gestos requiere una competencia pedagógica particular.



